DEVOCIONAL: ¿CUÁNDO LOS CIELOS SE ABREN?

 

Devocional: ¿Cuándo los cielos se abren?

Texto clave: Mateo 3:16-17.

 

Jesús siendo el hijo de Dios, cumplió toda justicia sometiéndose a la voluntad de su Padre, reconoció la autoridad de Juan y se identificó con el mensaje predicado por éste, por medio del cual hacía un llamado al arrepentimiento y anunciaba que el reino de los cielos se había acercado (Daniel 2:44; Mateo 3:1-2). Esta exhortación no era sino para el pueblo de Israel de su época, el cual pensaba que por ser descendiente de Abraham tenía todo resuelto en relación a su salvación y entrada en el paraíso, más sin embargo vemos que no fue así, ya que Juan el Bautista predicó un duro mensaje con bases en el profeta Isaías donde se aseguraba que Israel era una llaga espiritual (Isaías 1).

            En tal sentido, para poder ver la gloria de Dios (Su presencia), es necesario nacer de nuevo. El nuevo nacimiento comienza con el reconocimiento y la confesión de pecados (1 Juan 1:9 / Romanos 10:9-10), el arrepentimiento de los mismos (Hechos 3:19) y el apartarse totalmente de ellos, haciendo un esfuerzo para no volverlos a cometer. (Proverbios 28:13).

            A través de Cristo el creyente asume una integridad total que lo capacita para accesar a la presencia y las bendiciones de Dios en las áreas espirituales y físicas, es así como en Malaquías 3:10 parte b, nos dice la escritura que cumplamos con lo demandado por Dios y que luego lo probemos y veremos si no abre la ventana de los cielos a nuestro favor.

 

Consideremos algunas personas que vieron los cielos abiertos:

   E     Ezequiel. (Ezequiel 1:1)

El nivel de relación e intimidad con Dios del profeta, nos muestra que aunque estemos en el mundo (Babilonia como era su caso), podemos vencer las tentaciones, acciones y costumbres que buscan borrar la identidad que tenemos como hijos de Dios.

 

2.    Jesús. (Marcos 1:10)

Como reconocimiento a la deidad y poderío de Cristo, los cielos fueron abiertos a su favor como señal y testimonio de que era hijo de Dios y que el Santo Espíritu moraba en él.

 

3.    Esteban. (Hechos 7:56)

El caso del Mártir Esteban nos da mucho para reflexionar. No era Pastor, no era Apóstol, ni evangelista. Fue un diácono, un servidor que logró conmocionar al pueblo con su predicación, a tal punto que lo mataron para no oírlo más. La grandeza ministerial radica en el servicio realizado con la mayor disposición y humildad que lo amerita la obra de Dios.

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